miércoles, 7 de marzo de 2012

Putiferio 1937

BARRIOS BAJOS
Director: Pedro Puche. Con José Telmo, Rosita de Cabo, Rafael Navarro, José Baviera. España, 1937  

"Apoyá en el quicio de la mancebía..." ¡Qué época, nietales, qué época! Nunca debimos pasar de 1936, tiempo de tolerancia, cachondeo y desvergüenza, con una sociedad no tan extremadamente hipócrita como casi toda la que vino después, con la censura acobardada y sin malapatas como el Comics Code o el pacatísimo código aplicado a la industria de Hollywood por el nefasto señor Hays...¡Cómo sería la cosa más tarde que durante años se obligó en España a cantar la coplilla del comienzo con un recatado "Apoyá en el quicio de mi casa un día..." ¡Habrase visto...!

Un poco como ahora, que vivimos años de repliegue y castrante corrección tras la fiesta de los relajados años ochenta... Mas, ea, vuelvo a lo que iba que si no se me va el perol: acabo de ver un filme que es prueba fehaciente de cuanto les digo. Se llama Barrios bajos, es español por más señas y lo produjo durante 1937, en plena Guerra Civil, el Sindicato de la Industria del Espectáculo, ente colectivo y colectivizante controlado por los anarquistas. Lo firma don Pedro Puche, realizador de apenas cinco largos incluyendo este, el que más fama la ha dado.

Fama en todo caso equívoca. Si se ponen a buscar información al respecto, unos, los más amantes de la cosa revolucionaria, les dirán que es película políticamente inoperante; otros, más apegados a la historia del medio, la tachan de precursora neorrealista influida por el cine poético francés. Lo primero no lo niego, mas para mí es mayor virtud que defecto pues siempre abominé del panfleto; lo segundo, la verdad, discrepo... aliento poético ni tiene ni pretende tenerlo; si ha de recordar algún filme gabacho es en todo caso a las primeras secuencias de La Bandera de Julián Duvivier que transcurren como este en el barrio chino barcelonés; en cuanto a neorrealista, difícilmente, pues es historia protagonizada por arquetipos en un marco para colmo artificial...

Es Barrios bajos glorioso folletín hard-boiled, heredero de aquellas narraciones sociales decimonónicas, melodrama desatado de putas, pistolas, drogas y navajazos como nunca se habían visto en el hispánico solar. El putiferio es su tema y su razón de ser, sin que se escatime uno solo de los lugares comunes de tan escasamente cultivado género: el burdel, aquí tasca mestiza -"Casa Paco. Vinos del Priorato. Vermut con tapas a 20 céntimos"-; pilinguis de camisón y mesa camilla; macarras de torcida gorra, cigarrito en ristre; la madame que escancia generosa la farlopa entre sus alicaídos clientes; señoritos de chistera que se hacen no rayas, sino verdaderos montoncillos de demonio blanco; galantes asesinos; niños que beben cazalla; mujeres en paños menores que se compran y se venden como si fueran ganado; tristes parroquianos de abrigo y boina...

Por medio el Valencia, honesto obrero dispuesto a redimir con su amor tosco y sincero a la mocita destinada al arroyo. Barcelona de callejuela artifical de borrachos, tejas y ropa tendida, ciudad de arrabal hecha de esquinas y farolas, de meretrices, mendigos y chulos. Un filme insólito, brillante folletín que muestra sin remilgos esa España siempre escamoteada que sólo de tapadillo y refilón volvería a asomar en los próximos cuarenta años, o aún más...

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