DOS BLOGOS DE QUITAR EL HIPO
No es frecuente y ustedes lo saben que les hable yo desde esta modesta tribuna de otros blogos. Y no porque no abunden y de mucha calidad, sino porque o bien no abordan temas muy conexos con los aquí (caprichosamente) tratados, o por no eternizar una sub-sección que correría el riesgo de convertirse en cuasi eterna, dadas las muchas áreas de interés de quien a ustedes se dirige.
Semejante norma se quebró ya alguna vez, cuando les recomendé vivamente la visita al Circo Meliés, depósito de sabiduría prodigiosa centrada en el mundo del cine rancio y el circo más abracadabrante, y según creo recordar, en aquella otra ocasión en que les encomendé a los universos del papel barato abordado desde el conocimiento y la reflexión en el hoy detenido (que no muerto, espero) Pulpnivoria.
Don Paco Baena lleva como muchos de nosotros en las tripas el gusto acérrimo por tebeos e imágenes fílmicas. Dan fe de ello sus numerosos libros, centrados en la evolución de veteranas editoras de la viñeta clásica ("La magia de Maga") o análisis de las carreras de distintos cartelistas ibéricos de cine, un sector que todos admiramos pero que nadie salvo él parece haber sistematizado hasta ahora.
Viñeta y fotograma, dos de los ejes que sustentan este Desván. Temas precisamente que centran la atención de los dos Blogs del Señor Baena, desde un punto de vista insólito y frecuentando precisamente lo más raro de ver que en estos dos mundos pueda encontrase. Es decir, blogos para visitantes exquisitos, de los que agradecen como el comer los enciclopédicos acercamientos a lo intrascendente. O sea, diseñados para paladares como el de ustedes o como el mío.
Los tebeos españoles clásicos del período más oscuro se refugian en TEBEOS BAJO SOSPECHA, aquellos difundidos entre 1939 y 1951, títulos desconocidos entre los que van a encontrar maravillas como la primera colección ilustrada por el Maestro Ambrós, Dos yankis en África; adaptaciones a la viñeta de títulos tan venerados en esta casa como Son of Frankenstein o The invisble ray, ambas con la Pareja Sagrada Karloff-Lugosi; u oscuras series de bizarrísima fantasía hija por igual de la imaginación y el subdesarrollo. Un rincón, pues, que ningún conoisseur del tebeo antiguo debe perderse...
CINE Y PROPAGANDA se centra en la imagen del cine en el papel; allí podrán conocer desde biografías de artistas de cartel como Soligó, Jano o Josep Morell a imágenes insólitas, muy pero que muy raras de ver, correspondientes a las miles de toneladas de papel generadas por el cine aquí, en esta Piel de Toro... Desde títulos de la etapa hollywoodense de Edgar Neville a pasquines publicitarios de Tom Mix, Ramón Novarro, William S. Hart y otros astros olvidados de la Pantalla de Plata.
Pinchen encima de los nombres y acérquense a conocerlos. Palabra del Abuelito que les va merecer y mucho la pena...
miércoles, 25 de abril de 2012
miércoles, 18 de abril de 2012
Richard Wagner en pop
Nuestra afamada Galería de artistas del Cromo presenta a don JOAQUÍN VEHÍ en su abracadabrante creación LOS NIBELUNGOS
Hay que ver la cosa esta de la Alta Cultura y la Cultura Popular qúe asunto tan enredoso acaba por ser... Fronteras que se difuminan, prejuicios que se alzan para caer abatidos, intolerancias que no denuncian sino arrogante clasismo... Frente a ello sólo cabe reivindicar el placer, como aquel griego sabio, disfrutando de todo cuanto el genio humano, que haberlo haylo, ha ido ofreciendo. Dicho esto, consignar nuestra preferencia por lo humilde, lo marginal, lo despreciado y olvidado, tal vez heredada de una lejanísima educación cristiana, de una vocación elitista que no deja de ser snob... o de nuestro simple gusto por lo efímero, lo insustancial, visto como fruto sincero y sin pretensiones, degustable a todos los paladares...
Para muestra el botón que hoy les traigo: uno de los más conspicuos iconos de la Alta Tradición Europea, don Ricardo Wagner y sus mitológicas óperas, aquellas fantasías que tanto hacían vibrar el espíritu de Adolfo el Malo, convertidas en el más modesto fruto de cuantos ofrece la imprenta popular: el cromo...
Ya ven ustedes mismos lo bien que le sienta al material original su descenso a los abismos del arte de masas. El oro del Rhin, Las valkirias, Sigfrido y El crepúsculo de los Dioses adaptados fielmente, con cromatismo deslumbrante, conservación de las esencias épicas originales, profusión de escenas extraordinarias como prefiere el vulgar gusto del pueblo, y una realización impecable, asumido su delicioso aire kitsch y su impecable técnica pictórica. Un resultado nada desdeñable cuando se mira con ojos lo más objetivos posible...
Hay que ver la cosa esta de la Alta Cultura y la Cultura Popular qúe asunto tan enredoso acaba por ser... Fronteras que se difuminan, prejuicios que se alzan para caer abatidos, intolerancias que no denuncian sino arrogante clasismo... Frente a ello sólo cabe reivindicar el placer, como aquel griego sabio, disfrutando de todo cuanto el genio humano, que haberlo haylo, ha ido ofreciendo. Dicho esto, consignar nuestra preferencia por lo humilde, lo marginal, lo despreciado y olvidado, tal vez heredada de una lejanísima educación cristiana, de una vocación elitista que no deja de ser snob... o de nuestro simple gusto por lo efímero, lo insustancial, visto como fruto sincero y sin pretensiones, degustable a todos los paladares...
Para muestra el botón que hoy les traigo: uno de los más conspicuos iconos de la Alta Tradición Europea, don Ricardo Wagner y sus mitológicas óperas, aquellas fantasías que tanto hacían vibrar el espíritu de Adolfo el Malo, convertidas en el más modesto fruto de cuantos ofrece la imprenta popular: el cromo...
Ya ven ustedes mismos lo bien que le sienta al material original su descenso a los abismos del arte de masas. El oro del Rhin, Las valkirias, Sigfrido y El crepúsculo de los Dioses adaptados fielmente, con cromatismo deslumbrante, conservación de las esencias épicas originales, profusión de escenas extraordinarias como prefiere el vulgar gusto del pueblo, y una realización impecable, asumido su delicioso aire kitsch y su impecable técnica pictórica. Un resultado nada desdeñable cuando se mira con ojos lo más objetivos posible...
Lo que tal vez no sea mi caso, ni falta que hace, dada la familiaridad de décadas con que miro una vez más estas imágenes. Fueron editadas en 1963 en forma de libro ilustrado; ignoro si antes de eso llegaron a ser la colección de cromos que nunca dejan de parecer. Cromos desde luego la mar de fascinantes, tratando como tratan la más primigenia forma de lo fantástico, la mitología, aderezada en este caso con la riquísima y sugestiva forma de lo nórdico. Ya saben, con su carga de fatalismo, decadencia y épico canto a la muerte...
Son obra de don Joaquín Vehí Menéndez, prolífico dibujante nacido en Barcelona en 1933, de quien la Red apenas ofrece datos. Diremos, para los más curiosos, que comenzó su andadura profesional a los dieciséis añitos; que tras abandonar estudios universitarios optó don Joaquín por trabajar para Bruguera, Fher, Argos, Plaza y otros ilustres fabricantes de imágenes congeladas en chillones cromos; que realizó así mismo trabajos de ilustración científica y anatómica y que fue colaborador de aquel amigo de los animales, Félix Rodríguez de la Fuente y hasta de la mexicana editorial Novaro antes de dedicarse por completo a la pintura, dando el salto, ya ven, hacia el Arte Mayor, que siempre pagaron mejor las élites que las masas. Por más que su trabajo siguiera siendo el mismo, lleno, como pueden ver en estos cromos prodigiosos, de color, gracia, desparpajo y fecundo sentido de lo maravilloso... Que viva pues don Joaquín Vehí, inmortalizado en cada uno de sus arrebatadoras evocaciones de Sigfrido, de Hagen, de Brunilda, Gunther, Fafnir, Wotan, las ninfas o los enanos que pueblan los mundos subterráneos...
miércoles, 11 de abril de 2012
Stalin en el Espacio
KOSMICHESKIY REYS
Director: Vasili Zhuravlyov. Con Sergei Komarov, K. Moskalenko,Vassili Gaponenko.U.R.S.S., 1936
No son los americanos quienes ganaron la carrera espacial, por más que así lo informe una y otra vez la historia: los primeros en pisar la Luna fueron los soviéticos en 1946, según cuenta con detalle una película muda rodada diez años antes. No debe extrañar que en fecha tan avanzada sigan estrenándose filmes silentes, pues es hecho habitual en países alejados de la industria de Hollywood como el Japón o la Unión Soviética.
Se produce este Viaje cósmico (Kosmicheskiy reys) en 1936, en plena era del terror estalinista; dirigido por Vasili Zhuravlyov es un canto lleno de fe en el futuro, oda a la estética de la viga y el acero iluminada por una alegría y un desparpajo insólitos en las circunstancias en que se rueda.
Aunque se subtitula “Una novela fantástica” es ciencia ficción posibilista que aparenta atenerse a la lógica y a especulaciones basadas en posibilidades tecnológicas. El Realismo Soviético es por entonces tendencia propiciada por las instancias oficiales, a las que cualquiera se enfrenta; sin embargo con tales mimbres construye Zhuravlyov un artefacto plagado de buen humor y sentido de la maravilla, perdurable y muy a reivindicar.
En un colosal hangar vanguardista, de líneas puras y arquitectura racional, albergan los científicos soviéticos dos estilizados cohetes sitos sobre gigantescos andamios. Su destino es una vez más nuestro satélite; tras una serie de peripecias que incluyen tímido enfrentamiento con los criterios de un comisario político, parte la nave bautizada “Iósif Stalin” rumbo al espacio tripulada por un viejo profesor de luegas barbas, como corresponde a su calidad de sabio, una intrépida joven y su hermanito, pionero rojo uniformado con pañuelo al cuello e inamovibles convicciones. Trufado de aventura es este Viaje cósmico un espectáculo visual de primer orden, con minuciosas maquetas que recrean a la perfección tanto la ciudad del futuro, estilizada y colosal, como los artilugios técnicos con el cohete a la cabeza, o una Luna de simas y cavernas donde los tres aventureros evolucionan ataviados de escafandras art decó, llenas de bombonas y tubos de goma. Impecablemente fotografiada e iluminada, es un gozo ver a los viajeros experimentar la ingravidez o ponerse a dar brincos de roca en roca lunar, tanto en persona como en forma de muñecos animados por el siempre fascinante stop motion.
De acción incesante, ágil y entretenida, lo único que se echa en falta en esta soviética Selene es alguna criatura extraterrestre, que ya se sabe cuánto animan con su sola presencia cualquier filme de ciencia ficción. Por realista que pretenda aparentar ser, como es el caso...
Director: Vasili Zhuravlyov. Con Sergei Komarov, K. Moskalenko,Vassili Gaponenko.U.R.S.S., 1936
No son los americanos quienes ganaron la carrera espacial, por más que así lo informe una y otra vez la historia: los primeros en pisar la Luna fueron los soviéticos en 1946, según cuenta con detalle una película muda rodada diez años antes. No debe extrañar que en fecha tan avanzada sigan estrenándose filmes silentes, pues es hecho habitual en países alejados de la industria de Hollywood como el Japón o la Unión Soviética.
Se produce este Viaje cósmico (Kosmicheskiy reys) en 1936, en plena era del terror estalinista; dirigido por Vasili Zhuravlyov es un canto lleno de fe en el futuro, oda a la estética de la viga y el acero iluminada por una alegría y un desparpajo insólitos en las circunstancias en que se rueda.
Aunque se subtitula “Una novela fantástica” es ciencia ficción posibilista que aparenta atenerse a la lógica y a especulaciones basadas en posibilidades tecnológicas. El Realismo Soviético es por entonces tendencia propiciada por las instancias oficiales, a las que cualquiera se enfrenta; sin embargo con tales mimbres construye Zhuravlyov un artefacto plagado de buen humor y sentido de la maravilla, perdurable y muy a reivindicar.
En un colosal hangar vanguardista, de líneas puras y arquitectura racional, albergan los científicos soviéticos dos estilizados cohetes sitos sobre gigantescos andamios. Su destino es una vez más nuestro satélite; tras una serie de peripecias que incluyen tímido enfrentamiento con los criterios de un comisario político, parte la nave bautizada “Iósif Stalin” rumbo al espacio tripulada por un viejo profesor de luegas barbas, como corresponde a su calidad de sabio, una intrépida joven y su hermanito, pionero rojo uniformado con pañuelo al cuello e inamovibles convicciones. De acción incesante, ágil y entretenida, lo único que se echa en falta en esta soviética Selene es alguna criatura extraterrestre, que ya se sabe cuánto animan con su sola presencia cualquier filme de ciencia ficción. Por realista que pretenda aparentar ser, como es el caso...
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