Director: Vasili Zhuravlyov. Con Sergei Komarov, K. Moskalenko,Vassili Gaponenko.U.R.S.S., 1936
No son los americanos quienes ganaron la carrera espacial, por más que así lo informe una y otra vez la historia: los primeros en pisar la Luna fueron los soviéticos en 1946, según cuenta con detalle una película muda rodada diez años antes. No debe extrañar que en fecha tan avanzada sigan estrenándose filmes silentes, pues es hecho habitual en países alejados de la industria de Hollywood como el Japón o la Unión Soviética.
Se produce este Viaje cósmico (Kosmicheskiy reys) en 1936, en plena era del terror estalinista; dirigido por Vasili Zhuravlyov es un canto lleno de fe en el futuro, oda a la estética de la viga y el acero iluminada por una alegría y un desparpajo insólitos en las circunstancias en que se rueda.
Aunque se subtitula “Una novela fantástica” es ciencia ficción posibilista que aparenta atenerse a la lógica y a especulaciones basadas en posibilidades tecnológicas. El Realismo Soviético es por entonces tendencia propiciada por las instancias oficiales, a las que cualquiera se enfrenta; sin embargo con tales mimbres construye Zhuravlyov un artefacto plagado de buen humor y sentido de la maravilla, perdurable y muy a reivindicar.
En un colosal hangar vanguardista, de líneas puras y arquitectura racional, albergan los científicos soviéticos dos estilizados cohetes sitos sobre gigantescos andamios. Su destino es una vez más nuestro satélite; tras una serie de peripecias que incluyen tímido enfrentamiento con los criterios de un comisario político, parte la nave bautizada “Iósif Stalin” rumbo al espacio tripulada por un viejo profesor de luegas barbas, como corresponde a su calidad de sabio, una intrépida joven y su hermanito, pionero rojo uniformado con pañuelo al cuello e inamovibles convicciones. De acción incesante, ágil y entretenida, lo único que se echa en falta en esta soviética Selene es alguna criatura extraterrestre, que ya se sabe cuánto animan con su sola presencia cualquier filme de ciencia ficción. Por realista que pretenda aparentar ser, como es el caso...




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