EL REY DE LOS LADRONES
No sé hasta qué punto Sir Arturo Conan Doyle se llevaría bien con uno de los cuñados que en suerte le tocaron, don Ernesto Guillermo Hornung, siendo como es esto de la parentela política asunto siempre peliagudo. Quiero pensar que banquetes y celebraciones familiares estuvieron en su caso amenizados por la rivalidad literaria a que sus personajes les condujeron: Monarca de Detectives uno, Rey de Ladrones el otro.
Aún cuando la fortuna de Raffles, el ladrón de guante blanco creado por Hornung, nunca llegó a alcanzar la del inmortal Holmes, grande fue también su fama. Como Holmes, tuvo Raffles nutrida prole, con el francés Arsenio Lupin como su más distinguido descendiente; como sucediese con el inquilino de Baker Street, no faltó quien tomase su nombre y le pusiera a correr aventuras apócrifas. En concreto los mismos avispados teutones que ya hicieran lo propio con la criatura de Doyle, tal como les conté ya AQUÍ. Vayan y repasen los datos...
Obligado el astuto editor alemán a cambiar el nombre de su personaje, pronto pasó éste a llamarse Lord Lister, conociendo con este nombre inmensa fortuna desde que en 1908 apareciese por vez primera. Aquí los fascículos fueron editados hacia el final de la Primera Gran Guerra por la casa de folletines F. Granada & Cía., con las mismas cubiertas geniales y anónimas de la edición original. Imágenes que como muy pocas conservan congelado todo el sabor fuerte y delicioso de lo que hoy llamamos folletinesco.
Digan si no en qué otro medio se puede encontrar semejante despliegue de escenas extraordinarias con un tratamiento plástico, gran paradoja, tan canónicamente clásico. Hombres cuyo suelo cede bajo sus pies, cometas que surcan la noche, espiritistas que hacen llover flores del cielo, catacumbas repletas de esqueletos, enanos que aparecen desde el plano astral, enmascarados que saludan a lomos de elefante, mujeres aterradas, hasta sacerdotes del Sol intentando llevar a cabo sus inmundos sacrificios. Toda una cara oculta del buen orden burgués que en su extravagancia estas portadas dinamitan; estética del reverso de un mundo rígido e ilusorio condenado a perecer bajo los lodos de Verdún...
















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